jueves, 19 de agosto de 2010

CASA RURAL EN SAN CRISTÓBAL DE CUELLAR (y alrededores)




Era la primera vez que decidíamos ir a una casa rural. Elegimos esta... no recuerdo bien por qué, pero fue una gran elección. EL BANDOLERO. Es una casita rural en San Cristóbal de Cuéllar (Segovia; a unas 2h de Madrid).
Al llegar al pueblo, nos dijeron que, si no encontrábamos la casa, preguntáramos por el bar Lemon, de los mismos dueños (aunque podíamos, perfectamente, haber preguntado por EL bar, porque no hay más, jeje). Pero teníamos la dirección y decidimos encontrarla solos. No fue difícil encontrar la dirección, pero sí la casa, ya que, desde la calle, solo se ve una inmensa puerta de madera y no parecía que dentro fuera a haber gran cosa. Sin embargo, cuando por fin nos abrieron, encontramos un precioso patio donde había unas sillitas de jardín y una barbacoa, para el verano y una fachada preciosa. Entramos en nuestra casa y así nos sentimos.
Las habitaciones, además son muy nuevas y acogedoras. Nos instalamos y fuimos a comer y visitar algunos pueblos de alrededor.
En primer lugar, San Cristóbal de Cuéllar. ¡¿Qué decir?! Es un pueblo muy pequeño atravesado por una carretera, donde parece que los dos únicos negocios son la casita rural y el bar Lemon. Se respira tranquilidad y la gente es muy amable. Por la noche, se reúne gente de todas las edades en el bar: unos juegan al dominó, otros a las cartas y los más jóvenes se preparan para irse de marcha en sus motos... Además, al ser invierno (puente de diciembre), todo el pueblo olía a leña y eso es algo que me encanta...


Muy cerquita, a una media hora, está Olmedo, donde llegamos a comer, un poco tarde, así que entramos en un bar que por la noche debía de ser pub, donde comimos unas racioncillas. Dimos una vuelta por el pueblo que tiene una plaza y una iglesia muy bonitas.


También cerca, a unos 25 minutos de Olmedo, se encuentra Medina del Campo, ya en la provincia de Valladolid. Este pueblo, más grande que el anterior, tiene un castillo que vimos iluminado: el Castillo de la Mota. Está un poco apartado del pueblo y en alto, por lo que se puede ver la ciudad desde allí y es una bonita vista. Hacía mucho frío y, como no podíamos visitarlo por dentro, decidimos bajar. Dimos una vuelta por Medina del Campo, que debía de estar en fiestas y había mucho ambientillo. Supongo que con menos frío y más luz, hay mucho más que hacer: nosotros nos limitamos a dar un paseo por sus calles y la plaza mayor.


De vuelta, cenamos en el Lemon y nos invitaron a una crema de orujo riquísima.


Por la mañana, nos fuimos a conocer Valladolid que está como a una hora de nuestro pueblo. Me sorprendió muy gratamente: nunca había oído nada bueno ni malo de esta ciudad y no nos llamaba mucho la atención a priori. Sin embargo, fue un bonito paseo por la ribera del Pisuerga, el parque del Campo Grande y la Plaza Mayor.

Llegamos por la tarde a San Cristóbal y decidimos acercarnos a Cuéllar, que es el pueblo cercano más grande, donde, además hay un castillo renacentista que, por la noche iluminado, está precioso. Queríamos cenar en algún mesón típico, de los muchos que hay, pero no sé si estarían todos de vacaciones, era demasiado tarde o qué, que tuvimos que conformarnos con un restaurante, eso sí, muy grande (el típico salón como para comuniones) en la salida del pueblo. Sin embargo, cenamos muy bien.
El último día, ya de vuelta, no quisimos dejar de parar en Segovia y dimos un paseo por sus calles empedradas. ¡¡Desde luego, es una ciudad preciosa!! Nos faltó el cochinillo, pero había que reservar, así que tendremos que volver...

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